materiaverbalis
30 de mayo de 2007
 
El gran Dios río de la sangre



Conocerse es una actividad que muy pocos logran alcanzar. Puede resultar contraproducente, incluso puede resultar devastador en casos más dramáticos. Conocer a los demás aparentemente es una actividad más accesible, y quizá sea una forma de autoconocimiento, en el fondo. Es más segura y no implica un drama tan esencial como cuando lo que está en juego es el propio mundo interior. Dentro de esa lógica, los que están más cerca de nosotros son los más fáciles de conocer: la familia, teóricamente. ¿Pero en verdad los llegamos a conocer? En ese caso lo que está realmente en juego, me parece,
sí es el propio conocimiento. Y si quien intenta el conocimiento es el hijo de otro hombre, entonces la búsqueda del padre es mucho más dramática de lo que se cree. Se torna esencial. A mí, en lo personal, siempre me han fascinado las temáticas padre / hijo. Y creo que al fin en mi próxima ficción será uno de los temas esenciales. Cosas de los años. Hace mucho
tiempo escribí un cuento que se llamaba Tokio y que iba por ese lado. Pero he elegido mal el verbo, no se trata de buscar sino de comprender al padre. Y esa comprensión es lo esencial porque en ese conocimiento reposa el propio conocimiento. Así iría la cosa. Te conozco, al fin me puedo conocer. En un agregado mío a esta novela de la que estoy hablando, yo digo:

La idea de su hijo le producía un vértigo que ni él mismo podía explicarse del todo, sabía que necesariamente ese hijo sería una repetición, pero al mismo tiempo una variante que desconocía, una variación que compartía una raiz común cuyo destino era casi idéntico. Y no sabía cómo exactamente podía leer el itinerario renovado de esa vida que él ya había vivido, pues le parecía que el legado familiar era un camino reiterado con pequeñas y casi imperceptibles variantes. Era obvio que las cosas empeorarían. Y en lugar de una variación que simplificara y ayudara a su hijo a sobrellevar sus propios errores y debilidades, su hijo ahora transitaría ese mismo camino, solo que sería una selva mucho más insensible y salvaje, llena de personajes ocultos, situaciones esotéricas y cifras que ni él ni nadie podría descifrar. Prefería ahorrarle ese dolor a su hijo. Y sólo dependía de él. No sería cómplice, alguien se lo debía agradecer.

Sobre el tema, la ficción que más me gustó fue la entrañable Big Fish de Tim Burton, porque además la materia que se pone en juego es la supuesta mitomanía del padre que el hijo trata de desentrañar para descubrir la verdadera historia de su padre. En este caso no se trata de la ausencia del padre sino simplemente de malos entendidos que han ido alejando al padre del hijo y al hijo del padre. Y que en los últimos días del padre, el hijo intenta cercenar (esa distancia) para de una vez por todas conocer al verdadero hombre que es su padre, no el de las mentiras (gran metáfora de esta búsqueda). Estas mentiras son alucinantes y Tim Burton las sabe poner en imágenes. ¿Cuál es la variante del hijo? La lógica sería: si mi padre es un mentiroso, entonces ¿quién debo ser yo? ¿Quién soy yo? Pues me hago escritor. Aunque "hacerse" suene como una decisión. Todos sabemos que casi nadie "se hace" algo, sino que muchas veces todo viene impuesto, justamente de esa manera oscura que como siempre digo parece ordenar las cosas y que como afirmaba Sábato da la ilusión de que uno es quien toma las decisiones, cuando es precisamente al revés.

Yo quedé fascinado con la historia, digamos con el complemento entre los flashbacks del pasado alucinado del padre y el presente un poco hostil entre el hijo ( a punto él de convertirse también en padre, su mujer está embarazada) y su padre a punto de morir. No me voy a poner a contar la película como se suele hacer. Tampoco voy a esconder el final porque la
pela es del 2003 y ya todos la deben de haber visto. El final es hermoso y creo que algunas lágrimas cayeron por ahí. Como se esperaba desde el inicio de la película, el padre sufre un ataque y es llevado al hospital. El hijo ha seguido los rastros de su padre y quitando sus alucinadas para descubrir que le ha dicho la verdad en casi todo, que lo único que ha hecho es
relatarle con alguna vanidad algún adorno que lo que trata es hermosear una vida que a veces es monótona, un tanto opaca, sin ese brillo que el agregado de la imaginación le otorga. El hijo finalmente comprende a su padre. Entonces a punto de morir, el padre le pide que esta vez sea él quien le cuente su final, su propia muerte. Ahora el hijo es el fabulador de su padre, ahora él tiene la palabra que le devolverá su final y cogiendo su mano empieza relatarle, tembloroso, pero después con más confianza, esa muerte hermosa que desea para su padre. ¡Bellísimo! Entonces en su alocada huída que el hijo le está relatando, juntos por el hospital, empiezan a aparecer todos esos personajes alucinantes que su padre le ha referido durante toda su vida, pero ahora son tangibles y ambos están emocionados, sonriendo satisfechos con algo que es falso, pero es mucho mejor que la vida verdadera. Y entonces el hijo le dice que ambos huyen por el hospital, que huyen por la autopista, que se internan en el bosque, que esos personajes que él había adornado con espectacularidad los están ayudando, a él, a
su hijo que ahora lo está cargando, el hijo a su padre, como antes su padre hizo con él, cuando el muchachito era él, llevándolo hasta el gran río para dejarlo ir. Se abrazan y le da un beso como despedida y todos están allí para verlo y todos los personajes amigos de su padre, dicen adiós y el padre se zambulle finalmente en el gran río (el gran dios río de la sangre
que Rilke cantaba) y convertido en un gran pez remonta el río, que es la muerte.

Cuando termina de relatarle su final, ahora el hijo ya convertido en padre y fabulador, llora sobre su padre muerto.

¡Maravilloso!
 
26 de mayo de 2007
 
LA GRAN JAULA



Acabo de terminar de leer una novela que un amigo remoto de mis primeros años fuera de la univ. me alcanzó y que no leí, porque, bueno, en esas épocas me consideraba superior en todo sentido a todos los que escribían allá por el remotísimo 1998 (poetas incluidos). Esto ocurrió en La República donde laboré un tiempo. Es más Ricardo me jugó un libro que salió ese mismo año (ya no recuerdo el título: Las lecciones del agua? o algo así) y que contenía cuentos folklóricos y algunos silogismos que en su momento me parecieron pintorescos. Junto a este libro me regaló otro que había publicado un par de años antes en el 96. Muy soterradamente algunos compañeros me dijeron que el libro fue criticado fieramente por Pedro Escribano, en la sección cultural del diario. Nunca pude comprobar si esto fue verdad o no. Tampoco lo había leído para dar una opinión. Más bien lo quise leer y como no era cortazariano (aquellos años en la PUCP pesaban), lo desdeñé.

Agradezco haberlo cogido de un lugar expectante en mi biblioteca personal hace un par de días. Lo digo porque a pesar de todo, a mí El periodista (Arteidea, 1996) de Ricardo Vírhuez, me ha gustado. Es una novela que se lee fácilmente, en especial la voz del periodista escritor testigo que nos narra su historia como trasfondo de la narración moral de otro muchacho incomprendido en Iquitos, cuyo “imperativo moral” lo lleva a asesinar a un mal periodista. Éste es el meollo de la novela.

Aquí interrumpo mi apreciación de El periodista para revelar lo paradójico y profético que a veces es el destino. Esas jugarretas que a veces parecen ordenar nuestra vida y quizá más significativo aún, nuestras lecturas. Digo que la ficción de Vírhuez me gustó porque incluso dejé por un par de días El príncipe de los caimanes de Roncagliolo (estuvo de oferta en Metro –sí Metro jejeeje- por 15 soles) y encuentro una coincidencia entre ambas. El espacio de la selva es nuclear en ambas y esa descripción apocalíptica (por inmoral) de una ciudad como Iquitos. Incluso pensé en El cuerpo de Gulia-no de Eielson, que aunque no tenga un espacio definido dentro de la selva, si está ambientada en ella, y tiene como personajes a indios de la zona. Quizá por sus eventos específicos que en la novela de Vírhuez y la de Roncagliolo (también, cómo no, la de Eielson) se enumeran o solo se mencionan, la selva es otro poderoso microcosmos para que un escritor desarrolle un buen laboratorio literario sobre nuestro convulsionado país. Como lo hizo Arguedas con Abancay y Chimbote, sobre todo de este último pueblo convertido en mega ciudad. El periodista por ejemplo se regodea en la denuncia social y política dicha abiertamente y sin mucho tratamiento estético, pero a la vez entiendo que es una opción a la que muchas veces el ambiente social de este país empuja de manera brutal. Hace unas semanas Perú 21 puso en primera plana un informe venido de los EEUU en el que se aseguraba que Sendero volvía a hacerse fuerte y que amenazaba con fortificarse como en los 80. La semana pasada en Puno se dio un extraño atentado, con una saña espantosa, y se habló de un rebrote senderista. Y al leer El periodista por ratos evidente en su concepción dostoievkiana de un hecho policial (la escena final de la rata es una buena reelaboración del mismo suplicio al que es sometido –pero directamente en la cara- el protagonista de 1984 de Orwell), no puedo dejar de relacionarla con el Miguel enamorado de la prostituta Miluska en Iquitos (El príncipe...) y esa apuesta que sin haber vivido y nunca pisar Iquitos hace de la novela de Roncagliolo, superior, en ese sentido, a Pudor.

Hay una frase idea muy buena en las primeras páginas de El príncipe… en la que se compara a la selva con la más grande jaula creada por Dios, donde los hombres están condenados a dar vueltas, perdidos. ¿Esa gran jaula es el Perú?
 
11 de mayo de 2007
 
VIAJES DE VERDAD



Hace algunos meses, apareció esta crítica sobre mi novela en El Dominical de El Comercio, escrita por Diego Otero. Creo que es pertinente exponerla porque en un pequeño espacio Otero pudo captar el espíritu del libro. Luego con motivo de las conferencias sobre literatura y cine de viajes, Ricardo Bedoya me hizo ver la relación que había entre el cine del maestro Ingmar Bergman y la propuesta visual y narrativa de El viaje. Hasta antes de las conferencias que se ofrecieron en el Centro Cultural Peruano Británico, yo no había visto nada de Ingmar Bergman. Pero gracias a las referencias de Ricardo pude profundizar un poco más en mi propia ficción y se me fueron revelando vasos comunicantes que entablan un diálogo enriquecedor. Son dos los films de Bergman que se acercan a mi ficción: El Silencio y Fresas salvajes. En ambas la opresión metafísica y el desgaste físico son piezas esenciales (creo que es esa misma opresión surrealista que tiene, por ejemplo, Mulholland drive del genial David Lynch). En una comunicación vía mail Christian Zegarra, ganador del último Copé de Poesía 2006, me comentaba su interés por El viaje, pues se encontraba redactando su tesis doctoral en Utah sobre cine y literatura. Me habló un poco sobre la relación con el cine en varios poemas y poemarios de autores peruanos, sin embargo el hallazgo más importante y esencial fue la existencia de otra Novela-film, única en su momento y novedosa en su propuesta. Se trataba de Cagliostro (novela-film) del poeta chileno Vicente Huidobro. El día de la presentación hice algunas precisiones sobre esta impresionante novela-film, que en su estética también se vincula con El viaje. Quien quiera darle una hojeada puede hacerlo en la Biblioteca de la PUCP.

El Dominical (28/01/07)
El Viaje (Film de treinta minutos)
Franco Cavagnaro
Capibaras editores
100 pp.


A partir de fragmentos de un diario, de una narración aparentemente fría -cargada en realidad de una exasperante tensión en bajo continuo- que cuenta la historia de un hombre que viaja en bus a través de un paisaje desértico; a partir también de manuscritos de cartas, y de relatos de sueños cifrados, Franco Cavagnaro compone una novela breve y sugestiva como quien compone un collage de colores sutiles: agregando piezas, generando leves fricciones, dislocando el sentido. La historia del protagonista, que está plasmada a lo largo de las páginas como una pesadilla en cámara lenta -con digresiones, momentos de reflexión, escenas cargadas de simbolismo-, se centra en el deseo de llegar a la ciudad, en el deseo de dejar atrás todos los desiertos. Una historia dentro de otra historia, y el roce entre ambas va guiando la dirección del libro, mientras todo se proyecta en la página blanca como si fuera un ecran, como una película de carretera filmada por Sam Peckinpah.



La referencia a Sam Peckinpah en esta crítica de El Dominical fue lo más resaltante para mí, un maestro del western, del ocaso de este género, lo que algunos llamaron el western crepuscular. Su estilo de dirección estableció el uso de la cámara lenta en numerosas secuencias y una técnica de montaje bastante vanguardista. Además su tendencia era hacia la imagen o el concepto de la derrota causada por la negación del sueño americano (casi todas sus películas son ejemplo de esto). La crítica ha destacado el lirismo de su cine, así como la profundidad psicológica de la que dotó a sus personajes (Wikipedia, dixit).

Ahora si de columnistas se trata, me pregunto ¿qué clase de críticas se hacen en los diarios? Hoy de casualidad me encontré con un comentario sobre El viaje aparecido la semana pasada en La Primera, hecho por Jack Martínez (http://www.palcoestrecho.blogspot.com/). Formulo una pregunta abierta, ¿la simple enumeración sin la más mínima interpretación es crítica? Resulta hasta ingenua esa enumeración y la conclusión a la que llega quien escribe. Ahora resulta que la historia de Hans Stern era sobre “su reinserción a la sociedad y todo lo que ello conlleva”. Una simplificación que espanta en alguien que edita una revista. Así como en su conclusión no solo no se explica de qué irregularidad se habla, sino que desconoce la coherencia, no de un tipo de novela breve, sino de “esta” novela breve, singular y distinta. Muy penoso observar esto en un estudiante de literatura.

Finalmente, hoy día también descubrí que en la web personal (http://www.zeinzorrilla.com/?page_id=193) del narrador Zein Zorrilla colocaba la crítica que hice sobre su ensayo. A pesar de que no estoy de acuerdo con la propuesta del libro, Zein, supongo, debe apreciar una crítica hecha de buen talante y debidamente fundamentada. Al fin y al cabo el amor por la novela se comparte entre muchos.

Sobre los reseñadores, hoy en el blog de G.Faverón se ofrece un buen post al respecto en
http://puenteareo1.blogspot.com/2007/05/es-el-fin-de-los-reseadores.html#links
 
3 de mayo de 2007
 
Peces de fango: Rafo Ráez y José Watanabe




Estar solo es tener dentro de uno,
un animal muy animal y oscuro;
no se queden solos esta noche
Queridas y queridos mis fantoches...

(La Caza de la Mariposa – Pez de Fango)


Han pasado unos días de la muerte de José Watanabe, el poeta, y me parece pertinente recordar una entrevista que Franco Salcedo realizó hace varios meses (en el marco de una web que sacamos con otra gente más) a él y Rafo Raéz en ocasión de Pez de fango, disco realizado en mutua colaboración y que lamentablemente no fue una feliz producción en lo musical. Es probable que las estimulantes letras del perdido poeta pudieron tener, quizá, un mejor redondeo en otra voz. A favor de Ráez debo confesar que personalmente me gusta su disco Recuerdo, aunque su carátula sea realmente mala. Debo confesar además que Watanabe leyó a pedido mío una versión anterior de El viaje, mi novela, y guardo un buen recuerdo de sus palabras. En fin, que estas líneas sean un homenaje póstumo.

Sin más preámbulo los dejo con estos muchachones.

***

Martes por la noche. Después de un largo intercambio de mails y conversaciones por teléfono, por fin logramos converger horarios y reunirnos en la casa del escritor o, mejor dicho, en la cómoda terraza de su reducto en San Miguel, donde ha estado atendiendo a la prensa debido a la reciente aparición de La piedra alada, último poemario de Watanabe, que dicen ha tenido gran éxito de ventas en España.

Antes de empezar con las preguntas, Rafo nos dice si tenemos un cuestionario, preguntas preparadas, algo que él pueda llenar con prontitud. Lo miro con extrañeza, le digo que no, que ni siquiera tengo grabadora (Pienso: Rafo, en realidad, yo no vine a hablar contigo, ni siquiera me gusta tu música, ¿no quieres salir un rato a ver si está lloviendo? ¿A comprar cigarros en la tienda de la esquina?).

Entonces regresa Watanabe y los tres nos ponemos a conversar de esto y lo otro, de lo gorda que está la gente en Norteamérica (el escritor ha regresado no hace mucho de Miami, donde estuvo compartiendo con otros poetas latinoamericanos una gira promocional. La pasó bien y su esposa estuvo muy contenta yendo de compras con María Luisa, la editora de Babelia), de lo bellas que están las chicas en Kay Biscayne, de los tours en yate por la bahía en donde no es ilegal apostar; a todo esto Ráez, con su aspecto de calichín de barrio, futbolero, descontento, dice que su hermano el inteligente, ya ha escuchado el disco y le ha parecido ameno, que su hermano el biólogo le manda sus felicitaciones y entonces empezamos a hablar del disco, Pez de Fango:

MateriaV: ¿Cómo empezó este proyecto? ¿Desde cuándo pensaron en sacar el disco juntos?

Ráez: ¡Uf!, hace tiempo... ¡Serán como dos años!

Watanabe: No tanto... Más o menos año y medio, pero más que nada porque queríamos trabajar sin presiones, y los auspiciadores nos dieron toda la libertad para trabajar...

R: Sí, estamos muy agradecidos con ellos, con Claro, que antes era Tim y con el Centro Cultural de España.

W: Lo que pasa también es que de todo ese tiempo, el 90% lo pasamos conversando o divagando, algo necesario para poder encontrar el momento en que la energía creativa aflore, salga de ese estado latente y nos pongamos a trabajar...

R: Exacto, hay un trabajo medio subconsciente, una búsqueda de esa química, de esa reacción que sale sólo después del huevin necesario… y bueno, un día en una exposición estaba viendo unas pinturas de Tilsa y me quedó esto de la poética del silencio, que siento muy cercana a la de José, entonces me acerco a él y conversamos. Pensé que sería un huevón si no le proponía trabajar juntos, le di mi disco Camisa, y tiempo después decidimos que sí, que podíamos trabajar juntos...

W: Recuerdo haberle comentado a Rafo que no me había gustado una canción de ese disco, en la que musicaliza un poema de Vallejo... [Se refiere a Vallejo’s Blues, inspirado en el poema LXXIV de Trilce]

MV: ¿No te gustan los poemas musicalizados?

W: No. Básicamente porque me parece un aprovechamiento fácil, un recurso muy simple, en el que se acaramela el poema, mientras el autor del texto ha trabajado su propia musicalidad.

R: Quizás, pero a mí me gustó cómo quedó, sino no lo hubiera sacado, como los que ya había hecho antes con unos textos de Luis Hernández.

MV: Te parece una falta de respeto...

W: [se queda pensado]

R: Tal vez...

MV: ¿Y a veces no es necesario faltar un poco el respeto?

[Los dos asienten en silencio]




MV: En todo caso, José, ¿por qué adaptar Antígona, la versión unipersonal de Teresa Ralli, para el caso no era casi lo mismo?

W: Bueno, es diferente. Creo que después de casi dos mil quinientos años, todo pueblo tiene el derecho y la obligación de enterrar a sus muertos, es un texto que adapté más que nada por la coyuntura social que atravesaba el país... No creo que lo hubiera hecho ahora, o antes.

MV: A mí me gustó tu versión, aunque hubiera preferido que actúe Yuyachkani como grupo.

W: No se podía, casi todos los demás estaban ocupados en otros proyectos... en realidad, de ahí nace la opción de hacer el unipersonal.

MV: Tengo entendido que la están poniendo en Buenos Aires.

W: Sí, aunque no me mencionan en los créditos, pero al menos me pagan los derechos de autor –dice mirando a Rafo y sonriendo.

R: A propósito de eso, ahora que estamos adaptando la versión de Hedwig and the Angry Inch -el musical rock off Broadway, llevado también al cine por John Cameron Mitchell-, hemos pagando casi cinco mil dólares por derechos, pero lo bueno es que es la primera traducción de las letras al castellano, y esperamos que eso a la larga nos beneficie.

MV: Volviendo a Pez de fango, y aunque a veces es difícil explicar el proceso creativo, ¿se animan a contarnos como sucedió? Es decir, se hace la música primero, se escribe la letra...

R: Es un ida y vuelta. A mí personalmente me encanta trabajar en grupo, pero para eso se tiene que ser muy receptivo, y sobre todo hacer a un lado los egos. Partiendo de ahí, lo demás es como un juego de cartas. Cada uno tiene un joker, una carta que puede ‘imponer’ en una mano si es que tiene fe en que eso va a funcionar... Como un comodín, y por supuesto la otra persona también tiene su joker, pero a parte de eso, las cartas se reparten y si no nos toca una buena mano, se vuelve a repartir…

(De pronto siento ganas de fumar, pero aquí nadie fuma, incluso si me hubieran ofrecido algo de tomar hubiera dicho que yo me encargaba de preparar unos piscos sours. A ver Rafo sirve para algo, cómprame unos cigarrillos en la esquina, o prepara tú los tragos, ya pues Rafo, creo que al fondo debe haber un juego de cartas... ¿Por qué no te quedas ahí jugando solitario?)

R: ...entonces se van creando como capas que se superponen unas tras de otras, se cubren con algo nuevo hasta sentir que tiene vida.

MV: ¿Y cuándo sintieron que el disco estaba cuajando? ¿Por intuición? ¿Algo en particular...?

W: Creo que fue cuando hicimos la tercera canción. Sí, me parece que es la que sale como tercera en el disco, entonces sentimos que íbamos a sacar algo bueno.

[Watanabe se levanta y se dirige hacia el equipo].

Qué tal si vamos escuchándolo mientras conversamos -dice.

(En verdad, el disco arranca bien. Contra todo lo esperado, la guitarra de Rafo suena bien, se lo decimos y él lo agradece. Pero el pez se va muriendo en su propio lodazal. A medida que transcurren las canciones, las letras de Watanabe pierden fuerza en la voz de Ráez, acompañan apenas y se disuelven en melodías cansinas, sin personalidad, excepto alguna en la que lo lúdico le da frescura a la tonada, los estribillos terminan cansándonos muy rápido).

MV: ¿Te gusta el rock José?

(…oye mi canción ahora y guárdala en tu bolso viejo/ como un animaliiito herido/ herido por las palabras/ que escribí para ti... mírame hoy/ cantándolas aquí... el mundo tiene mil veredas, en cualquiera de ellas/ oye mi canción mientras esperas/ que tu ángel tu demonio baje de las estrellas... La voz se mezcla con el ‘xilófono’ desde el equipo con nuestra conversación.)

W: Sí. Siempre me gustaron los Beatles... Y en el rock hay también ese cuestionamiento de las cosas, de la realidad, sólo que en la poesía es más sutil. Aunque tengo la impresión de que este disco lo van a disfrutar más los jóvenes...

R: En todo caso los que se sienten viejos no van a disfrutar del disco.

Nos quedamos todavía un rato más, luego nos despedimos y mientras Watanabe nos acompaña a la puerta, nos dice que lo van a acusar de figureti, que acaba de sacar un poemario y ya se viene esto del disco; pensamos que la sobre exposición a los medios ayuda a vender, pero intuimos que lo que le atrajo de hacer Pez de Fango fue el reto, cambiar de registro, nos dice que sí, que es cierto, que regresemos cualquier día para hablar de un poco de poesía. Nos alejamos por las calles de San Miguel con el casete en el bolsillo, en busca de una tienda, en busca de un cigarro.
 
Y MIENTRAS TANTO... EL PULSO SIN DESCANSO, EL PULSO SIN DESCANSO...

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Nombre: Franco
Ubicación: Lima, Lima, Peru

FRANCO. Del germ. Frank: libre, exento. Sencillo, sincero, ingenuo y leal en su trato. Liberal, dadivoso, bizarro y elegante. Desembarazado. Libre, exento y privilegiado. Patente, claro, sin lugar a dudas. CAVAGNARO: es un apellido italiano originario de Parma pero extendido en Liguria, donde existe un río con ese nombre. Existen datos desde el siglo XIV. Pasaron a América desde el siglo XVI y en mayor cantidad desde el siglo XIX a Estados Unidos, Argentina y Perú. Hay estudios sobre la rama peruana que inició un Angelo Cavagnaro, de San Andrea de Verzi, que llegó en 1852 con toda su familia.

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