¡GRACIAS TOTALES!
El viernes 27 fue el último día del ciclo de cine que organizamos junto a mi pata el Villacorta en el Británico de Miraflores. Muchas cosas positivas. La contundente respuesta de la gente con su asistencia, su interés y pedido de que organicemos más ciclos (cosa que ya estoy barajando), el reclamo de más espacios para ver buen cine. Una alternativa al páramo cultural de este país. Necesidad de expresarse. Necesidad de escuchar. Y todo eso coronado con películas que nos decían mucho a cada uno. Villacorta propuso
La doble vida de Veronique y
Las armonías de Werckmeister, yo propuse
Cashback y
Gosford Park, por poner ejemplos.
Hablar de cine es hablar de la vida, así que creo que por eso la gente se enganchó. El cine está mucho más cerca de la gente que la literatura. Entiende más y no se trata solamente de cuatro escritores de un solo libro dicharachando sobre lo espectacular que son, cuando con las justas pueden poner sus palabras en un papel.
La gente necesita con urgencia una buena ficción. Una que los remueva, que los implique, que esté pensada para mover sus corazones, que los cuestione, que mediante símbolos englobe su propia tragedia, todo esta sensación de precariedad que tiene este país, de absurdo, de fracaso reiterado que vuela y se respira.
El cine se lo puede dar. La literatura también. La televisión, claro que
SÍ.