Los sofocantes caminos de la real realidad
Alberto Fuguet en una de sus últimas entrevistas sugiere de manera velada el fenómeno de la interculturalidad en Latinoamérica hablando del
tsunami que se nos avecina. ¿Se refiere a los escritores de frontera? Quizá el mismo Fuguet es un proto escritor de frontera, y
Daniel Alarcón, a quien entrevista, peruano de nacimiento, pero radicado al Sur de los EEUU, es la primera ola de un fenómeno que arrasará con la literatura latinoamericana.
¿Cuáles son los alcances de una situación así? Mayor atención de los medios a figuras exóticas que hablan de nuestras realidades nacionales desde una situación lejana en un lenguaje ya no tan lejano. Discurso válido el de Alarcón en sus ficciones, ¡cómo no!, pero que transita una vía largamente recorrida y que, al menos en su caso, parece un testimonio más de eso que en la PUCP llamábamos
“Realidad Social Peruana” (creo que ya no existe ese curso en la currícula o ha sido rebajado de su categoría de Curso Obligatorio). Una realidad, la del Perú, largamente descrita, denunciada, problematizada, ficcionalizada con esa herramienta que es la estética realista en nuestras letras.
Hace ya varios meses asistí a la presentación de
Guerra a la luz de las velas en la
Feria Internacional del Libro de Lima 2006 y crucé con Alarcón unas cuantas palabras de saludo. También estaba por ahí un sonrosado y muy jovial
Santiago Roncagliolo, que asumiendo una buena defensiva me aseguraba que ya me había enviado un artículo para mi antigua web. También me encontré con un personaje insomne que no hacía sino ufanarse de conocer quiénes eran los autores del conocido blog
puertoelhueco y la verdadera identidad de la populachera
vaca profana, felizmente pude sortearlo.
Alarcón es actualmente puesto ante los medios como la promesa de la literatura peruana y es un caso raro de escritor radicado en el extranjero que nació en el Perú, pero que gran parte de su vida la pasó en Alabama (EEUU), cuyos temas en su mayoría son nacionales. Incluso se anuncia que ese apego seguirá en su ya fogosamente promocionada primera novela
Lost city radio.
Hace unos días terminé de leer su libro de cuentos
(War by candlelight) Guerra a la luz de las velas. Segunda traducción del inglés hecha por Alfaguara. Se supone que esta segunda traducción (fue una de las promociones que se hizo el día de la presentación) era mucho mejor que la muy defectuosa primera traducción realizada por una editorial gringa. ¿Qué tan mala era la primera traducción? Es un misterio, pero si la de Alfaguara no es buena ya me imagino cómo habrá sido la primera, pues leer el libro de cuentos en Alfaguara me dejó una mala sensación, en especial en las dos primeras ficciones. Más allá de lo que los cuentos expresen, no sé si la traducción hace perder algunos juegos, algunas torsiones del lenguaje, algunas virtudes que de repente en inglés sí están presentes pero que en el castellano desaparecen, incluso a veces entorpecen y cortan el ritmo de la prosa.
Eso evidentemente no es una decisión del autor, aunque sí atañe al producto final, su producto final. Luego de avanzadas unas cuantas páginas y puesto en claro esas salvedades, se puede concluir que el libro está narrado correctamente. Los cuentos se ponen interesantes, cuando Alarcón se aparta de las calles de Lima o las situaciones sociales marginales del Perú, de alguna manera consigue despojarse de un ropaje que ya está gastado y que avejenta y vuelve previsible a cualquiera.
Alarcón deja de lado esa estética realista para meterse en la carne de personajes descentrados y desarraigados que parecen andar de paso por lugares anónimos y que en sus situaciones límites tienen más fuerza que en el caso de los personajes en los “cuentos peruanos”, por llamarles de alguna manera. En estos cuentos ese realismo de denuncia se ceba y pretende descubrir algo que uno se topa todos los días por la calle o lee en los periódicos, como en esas noticias que diariamente los matutinos y vespertinos nos obligan a atestiguar, y que muchos cuentos y novelas en el Perú ya han transitado, ese camino ya conocido (cosa que se vuelve insufrible en el cuento que da nombre al libro). Una vía que otros ya han recorrido en una época distinta, pero que parece haberse congelado en el tiempo en la prosa de Alarcón para ser un párrafo más en esa reiterada y recurrente historia.
¿La literatura peruana como una elipsis? ¿Regresamos al punto de partida?El autor gusta tocar esos temas que una generación fundacional de la narrativa peruana hizo suyos. Lo cual es válido, pero pierde en sorpresa y originalidad. De alguna manera, Alarcón alimenta una rica tradición, pero en lo personal me parece que en aquellos cuentos que eluden descubrir una evidente situación geográfica o simplemente se desarrollan fuera del Perú, el logro es redondo.
Una idea: cuando se leen estos cuentos (los dos primeros por ejemplo): el documental, el reportaje es lo primero que se me viene a la cabeza. Las historias rescriben episodios policiales de la década pasada o tratan de inscribir esas historias en un contexto policial o costumbrista que para un lector peruano exigente resulta reiterativo. Recordar las descripciones de motines en cárceles y reacciones maniaco depresivas de presidentes inmaduros es cosa sabida; los violentos carnavales en la Lima ochentera que harían sonrojar a cualquiera, los perros colgados en los postes, etc., esta última escena de por sí y sin testimonio es extraordinaria y espero estar a la altura para cantarla.
Es de esperar que en su entrega novelística la cosa cambie y Daniel Alarcón se anime por una vía diferente para decir eso mismo que desea decir y que con gran suceso ha dado a conocer en reputadas revistas norteamericanas.